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Bordado de Punto de Cruz en Huehuetlán

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Bordado de Punto de Cruz en Huehuetlán
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Ámbitos representados por el elemento

Técnicas artesanales tradicionales
Descripción

En el municipio se realizan bordados [chukul] o [tzuchelo] con punto de cruz [ichik]. Ésta es una actividad desempeñada principalmente por las mujeres, aunque en últimas fechas algunos hombres ayudan a sus esposas en el tiempo en que no hay trabajo en la milpa. Sin embargo, cabe hacer notar, tradicionalmente ésta ha sido una actividad eminentemente dirigida al género femenino. El proceso de aprendizaje de la técnica requerida por las mujeres para elaborar sus productos comienza con la instrucción. Ésta se realiza por parte de personas adultas mediante comentarios directos, así como a través de la práctica sobre pedazos de tela y/o aprendiendo a través de la observación e imitación de la técnica. En algunos casos el aprendizaje se llevó a cabo mediante la asistencia a cursos de capacitación, donde las artesanas aprendieron las técnicas para el desarrollo de productos con maestros o especialistas.

Un aspecto relevante comentado por las productoras, concierne a los criterios para definir si un producto es de calidad (“bien hechos”). Dentro de éste tema, los criterios locales se enfocan en reflexiones variables: 1) se recomienda el uso del punto de cruz, 2) las flores presentes en el bordado deben ser “huastecas”, 3) en los espacios blancos se deben bordar a animales, 4) se recomienda el uso de colores de tradicionales y tonalidades fuertes (“para dar más vida al bordado”), 5) no se deben ver nudos en la parte trasera de los bordados, 6) la productora tiene que contar los cuadros para realizar la “cruz completa del punto de cruz” (el conteo de cuadros permite asegurar la simetría de los elementos iconográficos), 7) debe tener soltura el bordado para evitar nudos (en algunos casos se pide que esté apretado para que no se encoja el producto), 8) debe observarse el orden de las puntadas en el reverso de la prenda y 9) se pide que sean las imágenes simétricas, así como la confección de la prenda. Otra recomendación registrada se liga con el procedimiento relacionado al modelo de creencias locales, donde se plantea que debe evitarse tirar hilos en el suelo, pues un brujo [dhiman] podría tomarlos y provocar el “cierre” de la garganta de la artesana con un ritual específico.

Para la realización de bordados se ocupan una serie de materiales, los cuales se consiguen en los comercios o mercerías de Tancanhuitz de Santos, Axtla de Terrazas, Tamazunchale, Coxcatlán, Ciudad Valles y Huehuetlán. Entre los insumos requeridos se encuentran: cuadrillé grueso ($90.00 pesos metro), cuadrillé delgado ($60.00 pesos metro), manta ($35.00 pesos), estambre de “tres hebras” ($13.50 pesos), hilo de cordón [path] ($16.00 pesos bola), aro ($15.00 pesos), aguja gruesa [tidhap] ($2.00 pesos), tijeras ($15.00 a $35.00 pesos), hilo para coser ($10.00 pesos), ganchos, conos de hilo beige ($10.00 pesos) y cinta métrica (variable). Dentro del proceso de recopilación de información fue comentado que anteriormente se ocupaban rollos de hilo de seda y de cáñamo, los cuales eran pintados en tonos bajos o “pálidos”, por lo que algunas informantes consideraron que los materiales actuales, constituyen innovaciones.

Con dichos insumos se elaboran al interior del municipio: talegas, camisas, mandiles, pulseras, servilletas [kuaichim], tortilleros, cojines [lachiklab], blusas (koton), faldas, cortinas, quesquemes [dhayem], diademas, portacelulares y manteles [kuaichim]. Para su realización, las productoras tardan aproximadamente entre un día y ocho meses en el proceso de finalizar un objeto, tiempo que está en función de la cantidad de bordado, los materiales usados y del número de artesanas involucradas en el proceso (pudiendo desarrollarse manteles en grupo, invirtiendo cada una de ellas una menor cantidad de tiempo). Los precios de estos productos oscilan entre $15.00 y $5,000.00 pesos, siendo los manteles el producto que tiene un costo mayor.

En lo tocante a la comercialización de los productos, éstos suelen venderse al interior de las comunidades y en algunos casos en espacios con mayor movimiento comercial, como La Escalera, Cruz Blanca y Huichihuayán en Huehuetlán, así como en otros municipios como Tampamolón Corona, Aquismón o San Luis Potosí capital. Los productos generados por las artesanas pueden manifestar una cualidad cotidiana (uso diario), una finalidad turística o alguna función de tipo sagrado-ritual. En el caso de la tercera modalidad es posible englobar a las talegas, el [quesquem] y los manteles, al estar presentes en eventos como fiestas patronales, danzas tradicionales, reuniones políticas y fiesta particulares. En el caso específico de la talega, ésta se encuentra presente en el casamiento y en la defunción, manifestando las siguientes características: 1) en el casamiento éstas son intercambiadas, llevando en su interior productos como jícaras [timal] o [shomon], agua, pan envuelto con servilleta y un guaje con el fin de que “no falte el sustento” y 2) la talega del casamiento (si se tiene) se utiliza nuevamente para cuando la persona fallece o “tira las chanclas”, depositando en su interior siete monedas (para que “paguen su entrada”), un guaje de agua bendita y siete tortillas. Cabe añadir que en el pasado, el [dhayem] desempeñaba una función social, al indicar el estado civil de las mujeres, una condición que se ha perdido en años recientes.

Otro aspecto relevante son las imágenes representadas en el bordado teenek, donde se pueden observar elementos fitomorfos como flores [witz], capullos de flor [ból’lol], la estrella de los cuatro puntos cardinales [oth], el árbol de la vida de siete o nueve “brazos” [tzacathuite/tzálamlab/tzák’e/téjh’lom] (que simboliza la familia) y la espiga de maíz [ithit] o [Dhipak], así como componente zoomorfos que comprenden animales “típicos de la región” como son los pájaros [tzí´tzin], patos [patush], gallinas [píta], venados [it´zámal], perros [píko], palomas, cuervos, ratones, pavos, ardillas, tlacuaches, pavorreales, colibríes, mariposas, gatos y conejos [coy] (los cuales deben ponerse en los bordados “para que no moleste el gusano” y para que cuiden al maíz). En algunos casos artesanas emplean imágenes provenientes de revistas de bordado, por lo que es posible encontrar tulipanes, rosales, nochebuenas y uvas o “negritos”. Para bordar éstos elementos se utilizan colores tradicionales como el rosa [thuyu/tzoyu/ol], blanco [dhak’ni], verde [yeshu] o [yashiushel] (“por los árboles”), rojo [tzáknik] (“por la sangre”), morado, guinda [iko], azul, amarillo [manu], color vino [zoatzakni], carmesí [witzilansuyu] y el naranja [manu/lanax] (“por el sol”). Cabe destacar que en los últimos años ha ocurrido un cambio cromático en los bordados como resultado de las exigencias del mercado y las modas (para que combinen con la ropa moderna), por lo que se han introducido colores que llaman matizados (un solo hilo desciende de tonalidad de un mismo color) como el azul, negro [tuno], morado, marrón, fucsia [iko], frambuesa, café [tzokon], amarillo y otras tonalidades de rojo [thutu], guinda, verde y rosa.

En el pasado los colores indicaban el estado civil de las personas (como el caso del negro, el cual era usado frecuentemente por las viudas), un aspecto que en años recientes ha cambiado. Es necesario comentar que no hay un acuerdo en cuanto a los colores tradicionales, por lo que algunas artesanas pueden considerar algunos y otras descartarlos. Tal es el caso del color azul, que es considerado una tonalidad sagrada al ser el color del cielo, pero que no es validado por la totalidad de las bordadoras.

Para finalizar, es necesario comentar que en algunas localidades se desarrollan bordados y trabajo de rafia, los cuales no se inscriben en el marco de lo tradicional. De acuerdo a las observaciones pueden calificarse dichas manifestaciones como manualidades, donde el componente cultural es limitado y donde las imágenes, en el caso del bordado, vienen dibujadas o con guías de fábrica. El caso del trabajo de la rafia se trata de un tejido con gancho, el cual utiliza técnicas establecidas y llevadas en épocas recientes a las comunidades, por lo que no existe de momento un proceso de apropiación cultural. Cabe precisar que la mayoría de las productoras de éste tipo de objetos, se concentra en la localidad de La Pimienta, comunidad que recibió capacitaciones por parte de organismos gubernamentales como del Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de San Luis Potosí (ICAT).
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Fecha de última modificación: 3 de abril del 2019, 11:47
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