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Prometeo Alejandro Sánchez Islas

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Prometeo Alejandro Sánchez Islas
Literatura

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Síntesis biográfica

Prometeo ha creado y apoyado diversas revistas, gacetas y publicaciones sobre arquitectura, arte y urbanismo en la ciudad de Oaxaca, tanto con grupos de profesionales de la arquitectura y urbanismo, como con estudiantes de carreras relacionadas con las artes plásticas, como con el Gobierno del Estado. Ha realizado estudios de arquitectura y posgrados en urbanismo, humanidades, políticas de género, gobernanza y proyectos productivos. Publica en la actualidad, de manera regular, en las revistas “Acontragolpe” de carácter cultural, “Modus Vivendi” de arquitectura de interiores y “Horizontes” de arquitectura vernácula. Es conferencista en temas de arte y arquitectura. Por el momento es el tesorero de la Fundación Amigos de la Hemeroteca Pública “Néstor Sánchez Hernández” de Oaxaca, la cual fue fundada por su padre y donada al Gobierno del Estado. Mariposas triquis La suma de arte popular, estética simbólica, situación de la mujer indígena y tradiciones prehispánicas, dan forma a un mundo complejo y bello a la vez, en el que las mujeres manufacturan mariposas y se convierten en ellas tras una incomprendida metamorfosis. Prometeo Sánchez Islas. La neblina primaveral de Chicahuaxtla es contradictoria: su densidad no permite ver directamente a unos cuantos metros, pero la aparición de sus mujeres, convenientemente arropadas con dos o tres huipiles y un jorongo de gran colorido con aspecto de capullo, abren de golpe los ojos del espectador hacia un mundo muy luminoso, cargado de simbolismo milenario y de una estética muy inspiradora. Los mitos triquis hablan de una serpiente emplumada que habita las cavernas subterráneas y que, cuando asciende volando al cielo, se sacude desprendiéndose de plumas multicolores para beneficio de quienes las toman, pues se venden o se dan en trueque con gran ventaja. Ese ser de poderes superiores evoca a Quetzalcoatl y es probable que perviva en la mente colectiva más acá de las dominaciones mixteca e hispánica, aportando profundidad filosófica sobre la dualidad de la vida (tierra-aire; serpiente-ave; ser monstruoso-ser benéfico; etc.) y dando colorido material a sus bienes de consumo, especialmente los artesanales, como textiles, piel, cerámica, arte plumaria, etc. Es el trabajo manual, dedicado y laborioso, el que otorga a la mujer triqui su capacidad de trascender su ambiente geográfico y su actual sumisión “cultural”, al expresar en sus complejos diseños brocados en telar de cintura, toda una cosmogonía que probablemente resulte incomprendida incluso para muchos miembros de su misma comunidad. La viva combinación de colores, el sabio acomodo de las formas, la unidad estilística de cada prenda y la capacidad de plasmar conceptos abstractos en un entramado geométrico, convierten a esas notables mujeres en museos vivientes de culturas ancestrales y en operarias altamente especializadas en técnicas textiles de indudable reconocimiento mundial. Para realizar su trabajo, extienden el telar de cintura en cualquier lugar interior o exterior de la casa (según el clima y la luz) y se dedican horas y horas a extender los hilos blancos longitudinales que forman el urdimbre de la futura tela y después, con la misma paciencia y concentración, a formar las figuras geométricas en bandas horizontales, con hilos de colores que integran la trama y con ella la decoración. Se diferencia del bordado en que las figuras se insertan mientras se manufactura la tela y no cuando ésta ha sido concluida. El brocado, además, le otorga una gran resistencia al producto textil. Las indígenas triquis hacen de sus vestidos su orgullo, su abrigo y su mortaja. Cuando están en posición sedente o recogida, semejan capullos que, al igual que sucede con los insectos, van tejiendo su entorno individual; pero cuando extienden los brazos, equivalen a mariposas de alas multicolores, con motivos tradicionales y colores vibrantes. El eje conceptual del diseño triqui es la metamorfosis de la mariposa, el cual se expresa en cada “línea” o franja horizontal y consiste en un desfile de figuras geometrizadas propias del mundo triqui, como flores, maíz, señoras, lluvia, relámpago, ríos, soldados, estrellas, pájaros y medio centenar más, que son la imagen de su memoria comunal y dan sentido a su íntima relación con la naturaleza. Estos dibujos están invariablemente bordeados por dos líneas rojas llamadas “gusano” que le dan a cada franja su unidad, representando la “línea” en su conjunto a una mariposa abstracta y con ello el ciclo de la vida: nacimiento, desarrollo y muerte, o bien huevo, larva y pupa (capullo) para obtener, ya unificados, un adulto (o una mariposa en plenitud). La manufactura de cada huipil es, a su vez, un camino de gran riqueza creativa: para iniciarlo, la mujer monta sus hilos entre los dos travesaños del telar de cintura, del doble de longitud que tendrá la prenda y comienza inmediatamente a tejer dos “líneas” horizontales completas que, como vimos, representan a pequeñas mariposas y las cuales, cuando el huipil esté concluido, quedarán frente a los pies. En seguida voltea el telar y vuelve a iniciar el tejido desde el extremo opuesto (lo que serían los talones), desarrollando línea tras línea hasta llegar a la gran mariposa que se localizará en la espalda. Hasta aquí, el ascenso de franjas más o menos homogéneas en tamaño, simbolizan la niñez. La gran mariposa, que es una franja mucho más ancha y que generalmente se ornamenta con barras multicolores verticales, simboliza la etapa productiva de la mujer siguiendo su desarrollo en el urdimbre “línea” tras “línea”, respetando el hueco para insertar la cabeza, hasta llegar a la segunda gran mariposa, que se ubicará en el pecho de la portadora y que significa el fin de la madurez. Como puede entenderse, la triqui lleva literalmente sobre sus hombros el simbolismo de su vida joven y adulta en plenitud. Siguiendo el brocado en sentido descendente, la artesana continúa brocando “líneas” horizontales, las cuales van simbolizando la decadencia de la vejez, hasta llegar al espacio blanco que habrá de quedar unos centímetros antes de llegar a las dos “líneas” con las que se inició todo el proceso, siendo éste rectángulo sin decoración, la representación de la muerte. El huipil tradicional se obtiene de unir con hilo de algodón tres lienzos tejidos en telar de cintura, cubriendo la junta con largas franjas de listón azul o rojo. Esta combinación es la que permite imaginar mejor a la mariposa cuando se ve a una triqui levantando los brazos, pues se evidencian las “alas” estilizadas, narrando las etapas de la vida femenina, como pueden ser: el juego, el aprendizaje, el trabajo, los utensilios, la soledad, la maternidad, la fe y la muerte. Cada “línea” representa una de tales etapas y tiene su clímax en la “línea madre” o “mariposa mayor”, que es la que se ubica en el pecho y a la que se le dedica mayor atención, pues simboliza el centro, o sea el punto de cruce de los dos sentidos del diseño triqui, el vertical y el horizontal, dando pauta para representar, en su cosmogonía, los cuatro puntos cardinales, así como el principio y el fin de cada ciclo. El que se ubique en el pecho lleva implícito el valor del corazón femenino (los sentimientos) que se abre radiante al mundo. En la zona de Copala, el cuello se adorna con un listón cortado en picos y cosido como una estrella en todo el contorno. Generalmente son rojos, azules o verdes. Además de los huipiles, las artesanas elaboran faldas conocidas como “enredo” que se sostienen con una faja también hecha por ellas, camisas para niños, servilletas comunes y ceremoniales, colchas, morrales, cobijas y jorongos, principalmente. En un año cualquiera, la triqui manufactura dos vestidos para ella y varias piezas para su familia y su casa. Generalmente estrenan los dos huipiles durante la fiesta del santo patrono de su pueblo y durante la semana santa. Los huipiles se usan solos o hasta cuatro sobrepuestos, desechándolos hasta que se desgastan por completo. La tradición que sobrevive a la noche de los tiempos, ordena que cuando la mujer llegue a una edad muy avanzada y sienta que se encuentra próximo su fin, deberá iniciar el diseño y brocado de su último huipil, lo cual les llevará hasta tres años, el que será portado durante sus últimos días y su ceremonia funeraria a manera de mortaja. ¡Bella metáfora para esas maravillosas mariposas, quienes merecen la libertad y la luz! Febrero de 2008
 
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Fecha de última modificación: 14 de octubre del 2014, 16:53
Información proporcionada por:
Red Nacional de Información Cultural